土曜日, 12月 30, 2006

Todo esta en los libros: El cantar de Heike

平家物語 A medio camino entre la epopeya y la elegía, consta de doce breves libros y un epílogo que fueron escritos a principios del siglo XIII, y que nos narran la rivalidad y la lucha por el poder que en el último tercio del siglo anterior había enfrentado a dos clanes militares, los Genji (o Minamoto) y los Heike (o Taira) conocida como las guerras gempei 源平合戦, Genpei Kassen. Su galería de personajes, por donde transitan guerreros heroicos y damas tristes, cortesanos ambiciosos y bonzos ascetas, plebeyos y emperadores, ha constituido la más importante fuente de temas para la literatura japonesa posterior, y tiene para los habitantes actuales de Japón una familiaridad cultural comparable a la del romancero para los españoles o, a otra escala, a la de las epopeyas de Homero para la literatura europea. El Heike, como la Ilíada, pertenece a la tradición de la literatura oral, y hasta los albores de la era moderna en Japón ha sido cantado por los 琵琶法師 Biwa Hoshi (lit. los monjes del laud) bonzos ciegos que ganaban su sustento narrando historias acompañadas con la melodia de su 琵琶 Biwa, especie de laud nipon importado de China. En el Japón tumultuoso de fines del siglo XII, dos clanes de samuráis, los Genji o Minamoto y los Heike o Taira, luchan sin piedad ni cuartel por el poder. Se narra el rápido ascenso y la calamitosa caída de los Heike y en el camino se traza una galería de personajes cuya humanidad ha seducido y sigue seduciendo a generaciones y generaciones de japoneses desde el siglo XIII.
En sus páginas se relata con viveza la aparición de la clase guerrera de los samuráis y su violenta irrupción en la política del país, evocándose además con nostalgia la vida cortesana y elegante de la capital. Desde el punto de vista histórico es el relato literario del fin de una época, el periodo Heian (792-1185), y del comienzo de otra, la de los clanes militares, que se prolongará hasta la entrada de Japón en la era moderna, en 1868. Por su trascendencia y por ser la primera obra literaria dirigida a todas las clases sociales, marca un hito en la literatura japonesa. Durante siglos ha sido una obra apreciada por su cualidad musical, por su vibrante impacto dramático-lírico y por su valor didáctico, especialmente budista.
El Heike congrega dentro del género épico otros componentes que le dan su espíritu propio e inaugural. Es una epopeya por su relato de hechos de armas históricos ficcionalizados, por mostrar el código de honor de los samuráis, por sus vigorosos episodios de batallas y por la inclusión de episodios sobrenaturales. Pero es una epopeya sin final heroico y sin héroe protagonista único, en todo caso con un antihéroe, Taira no Kiyomori, el imponente primer ministro del clan de los Heike, el desalmado transgresor de los valores de una sociedad y, como tal, desencadenante fatal de la extinción de su propia estirpe. Además del fondo histórico de las guerras entre dos clanes de samuráis que acabaron con el gobierno cortesano de la época de Heian (1185). La historicidad del relato se manifiesta en la galería de tipos humanos representativos de todas las clases sociales. Tampoco faltan las manifestaciones líricas tan definidoras del arte y la sensibilidad japonesas.
Pero, sobre todo, el Heike es una tragedia y una elegía. Aparte de la finalidad propagandística de determinados monasterios budistas (pragmatismo también presente en nuestra literatura medieval) posee una finalidad edificante, ya que el argumento total de la obra y su estructura reflejan la doctrina budista del karma, del encadenamiento fatal del destino como castigo implacable a la maldad del hombre y sus obras y otra de las 3 grandes doctrinas budistas el अिनत्य anitya;無常 wúcháng o 無常 mujō pues todo el desarrollo inexorable del cumplimiento del destino de caducidad de las glorias humanas , pues todo el universo esta en perpetuo movimiento y nada ni siquiera los dioses escapan al inevitable ciclo de decadencia y renacimiento (Samsara), asi nada es permanente por eso aferrarse a las cosas mundanas es futil y solo conduce al sufrimiento, un lamento melancólico y evocadoramente nostálgico de un pasado cortesano esplendoroso, por el que, a pesar de su talante aleccionador, toma partido el punto de vista narrativo. Esta trama argumental se refleja en la estructura de la obra: el tañido premonitoriamente lúgubre de la campana del monasterio de Gion, que abre el libro, expande las ondas de un destino implacable de fugacidad y caída que se cumple irremediablemente a través de los 12 Libros, cuyo punto culminante de precipitación de la tragedia se produce en el Libro Sexto y se remata con el dramático suicidio del emperador niño en los brazos de su abuela. A lo largo de los episodios de extinción de la estirpe de los Heike esta campana resuena intermitentemente en otros sonidos sordos y tristes, hasta llegar a la campana de la derruida ermita del Epílogo. Allí se ha retirado la antigua emperatriz Kenreimon-in, último representante del aniquilado y disperso clan. Su oración, enunciada antes de morir, constituye, como todo el Heike, el llanto por el recuerdo del pasado y los pensamientos sobre un cruel presente.
.- * Heike monogatari. Introducción, traducción al español y notas de Carlos Rubio López de la Llave y Rumi Tami Moratalla. Versión directa del original. Editorial Gredos: Madrid, 2005 [3ª edición]. ISBN 8424927877

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